Karla Rojo, Artista Plástico Figurativo
Karla Rojo no solo pinta cuerpos, también revela la arquitectura del desvelo. Cada lienzo es un espejo incómodo, no por la forma, sino por el vértigo del reflejo que exige. Su figuración no busca la réplica dócil de la piel, sino el cableado expuesto de los nervios. Es una cronista del gesto que se quiebra, de la mano que sopesa una duda, del rostro que, aun pétreo, delata la marea alta o la dulce resaca de la paz interna. Su obra no es casual: brota del ritual lento de la observación, cuando la pupila se hace lupa y detiene el tiempo. Captura el instante en que el ser humano es más agua moviéndose que forma quieta. Es la investigadora de la conducta que no se nombra, la que indaga en el Homo Socius para desenmarañar el nudo de lo que nos hiere o el cordón umbilical que nos salva.
Karla Rojo es una artista plástica figurativa de nuestro tiempo. Su método es la serie, capítulos de una misma sinfonía sobre la humanidad, la lenta labor de cómo nos tejemos y destejemos. Si aborda "El Beso", la atención no se posa en los labios, sino en el vacío tenso entre dos alientos, el punto exacto donde dos soledades eligen el fuego o la huida. En "Pliegues de lo Interno", la superficie del cuadro es la piel de una cebolla metafísica, revelando la fortaleza o la fragilidad que se gana con cada capa de herida y de paciencia. Allí reside la belleza áspera de las diferencias culturales, no como muros de silencio, sino como texturas inesperadas que dan cuerpo al tacto del mundo.
Su arte es una invitación al movimiento centrípeto, al redescubrimiento. Un llamado a constituirnos, no por mandato, sino por la lenta labor geológica de la reflexión que nos pulimenta desde dentro.
La creación, para Karla, es un acto de empecinada esperanza. Aun cuando el presente se vuelve una madeja, persiste en llevar las grandes preguntas filosóficas al quicio de nuestros hogares. Es esa búsqueda incansable de un hilo de luz que no solo nos dé cobijo, sino el aliento para inventar nuevas respuestas a las viejas preguntas.
Sumergirse en su proceso es entrar al camerino del alma. Sus personajes son espejos sin marco: el vecino que mira al vacío, el deseo que no se dice. Pone sobre la mesa la posibilidad de vernos detrás del velo, sugiriendo esa catarsis reflexiva a través del disfrute.
El ciclo nunca se cierra con el último trazo. La obra queda en suspenso, vibrando: una pregunta abierta. El espectador es el artista final. Su experiencia de vida es el último pigmento, el que hace visible el alma del cuadro. La obra no está terminada hasta que tú la miras y te ves en ella.
Karla Rojo nació en Zacatecas, en 1980. Entró a la Universidad en 1998, pero en 2002 abandona la carrera de Administración, pues el pulso del color era más fuerte.
Su camino fue el del autodidacta. La formación se construyó a la manera de un tejido vasto. Cada curso fue un prólogo; cada plática, una nueva sensibilización al misterio de la estética.
Su obra creció, conquistando geografías. Los lienzos volaron desde Zacatecas hasta Puerto Vallarta, pasando por Querétaro, Colima, Mérida y la Ciudad de México. También cruzó el Atlántico, llevando la figuración del alma hacia A Coruña, Valladolid, Madrid, y al eco melancólico de Lisboa, en Portugal.
Desde 2011 hasta la fecha dedica mucho de su esfuerzo a la enseñanza de las artes plásticas en el área de dibujo y pintura para adolescentes y adultos, así como a la sensibilización artística para niños en Tuna Artes plásticas en Bucerías, sembrando luz en el lienzo vacío.
Es una maestra que, al mismo tiempo, sigue siendo una alumna constante de sí misma. Esta dedicación a la formación convive con su propia producción y la soledad necesaria de la experimentación. Es, al mismo tiempo, la artista que se gesta y la mano que enciende la primera chispa en los demás.
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¡Hola! Soy Jonathan Muñoz Ovalle, escritor y poeta mexicano. Gracias por visitar mi blog. Si deseas conocer más sobre mi obra literaria, te invito a leer o descargar mis libros dando clic aquí.
















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